Ayer hizo un mes que me metí en la cama y todavía no he salido, y no ha sido por no intentarlo, al contrario, cada día al despertar lo hago con el ánimo resuelto y con la esperanza de que hoy sí, hoy sí me podré sentar.
Ya ni tan siquiera pido poder andar, sino simplemente poder estar sentada tranquilamente en mi silla, pues desde una silla y sobre todo si es de motor, se pueden hacer multitud de cosas. De hecho, soy una cabra loca que no paro en casa más que lo imprescindible. Pero eso se acabó, mi cuerpo no está por la tarea de acompañarme más en mis locuras y llega un momento en que mi paciencia se está terminando y mis ánimos se vienen abajo como un castillo de naipes movido por el viento, y no sé cómo pararlo.
El ver como los días se van sucediendo unos a otros sin cambios notables ni mejoría en mi cuerpo, me tiene espantanda, pues pienso que ya nunca me podré levantar, que mi nervio no se desinflamará, y que tendré que hacer la vida desde una cama y esto me desespera y agobia como nunca imaginé. Pero otras veces, sale la mujer práctica que tengo en mí y piensa: "Muy bien, si esto es así, lo mejor será que nos preparemos para ello y empecemos a organizarnos de nuevo la vida"... Pero no puedo, el miedo a que esto sea así me paraliza.
A pesar de haber pasado ya un mes, los dolores no cesan ni bajan su intensidad, al contrario, hay días que atacan con más rabia que nunca. Tanto es así que este fin de semana tuve que doblar la dosis de morfina (hacía tiempo que lo debía haber hecho pero me resistía a ello) pero a los dos días mi cuerpo se saturó y me puse tan mala que me tuve que quitar el parche e intentar aguantar todo el día sin nada para poder desintoxicar mi pobre organismo, y se ve que no le sentó muy bien al nervio que tengo pinzado, pues se rebeló y me dejó totalmente postrada sin poder moverme ni en la cama y con un dolor terrible desde mis caderas hasta la punta de ambos pies.
Me espanté tanto al ver la situación que estuve a punto de irme de urgencias, pero después pensé friamente: ¿para qué? ¿a dónde iré? ¿qué me van a decir que no me hayan dicho ya? y me quedé en casa intentando controlarlo con la música y ejercicios de relajación, para evitar volverme loca, pues el año pasado ya di toda la guerra que pude con este tema (fue la primera vez que me pasó esto) y por más pruebas que me hicieron y más médicos que estudiaron mi caso, todos llegaron a la misma conclusión:
No te podemos tocar, si lo hacemos, te rompes.
Así, sin más. Esto es lo que hay y esto es lo que debo de aceptar de una vez por todas para no amargarme la vida y poder ser de nuevo yo misma. Pero ¿cómo? ¿cómo alguien tan activa y tan llena de vida y ganas de reír y divertirme como yo, puede aceptar sin amargarse el hecho de no moverse más ni salir de una cama? Si alguien lo ha descubierto, por favor que me lo explique.
Hay una frase muy buena y muy cierta que dice: "
Lo importante no es lo que te pase, sino cómo lo vives y desde dónde lo vives. Tu eliges si lo vives desde el rencor, el odio, la amargura... o desde el amor y la serenidad"
Pues bien, estoy en ello... siempre estoy en ello.
Un abrazo de corazón a corazón,