Mi día a día con el SPP (Síndrome Post Polio)

Mi día a día con el SPP (Síndrome Post Polio)
Mi día a día con el Síndrome Post Polio (SPP)

viernes, 30 de julio de 2010

Trascenderse uno mismo

Hace ya tiempo leí un libro de Ken Wilber "La conciencia sin fronteras" y apunté unas frases que me parecieron estupendas por su aplicación práctica en mi propia vida, aunque debo reconocer que después de escribirlas en una libreta donde anoto todo aquello que leo y me parece interesante, las olvidé por completo. Pero hoy, curioseando las hojas de mi vieja libreta me topé con ellas casi por casualidad (?) y decidí traspasarlas a mi blog para no volverlas a olvidar y también por si pueden ayudar a alguien. Solo espero que os gusten tanto como a mí y que os ayuden a vivir un poquito mejor.



PARA TRASCENDERSE UNO MISMO

Tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo.

Tengo deseos, pero no soy mis deseos.

Tengo emociones, pero no soy mis emociones.

Tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos.

Soy lo que queda, un puro centro de percepción consciente,

Un testigo inmóvil de todos estos pensamientos, emociones, sentimientos y deseos.



(Hay que decirlo varias veces)


Uno mismo es quien está produciendo sus propios síntomas.

"Eso" interior que siente dolor, no conoce en sí mismo, el dolor; eso que siente miedo no sabe lo que es el miedo, eso que precibe la tensión está libre de tensiones. Ser testigo de estos estados es trascenderlos. Ya no te pueden atacar porque los miras de frente. Nos identificamos con lo que nos aflige y ahí radica la verdadera dificultad.


RESUMIENDO
: "Tengo mente, cuerpo y emociones, pero NO soy mente, cuerpo y emociones"


Besos... Leonor

martes, 20 de julio de 2010

Así me siento hoy



Así me siento hoy... Toda rota por dentro, como si mi coxis, caderas y espaldas estuviesen hechos trozos y mis músculos y piel claveteados por puntiagudos y largos clavos que no dejan respiro a mi alma.

Hoy no se me puede tocar... ni tan siquiera tolero el roce de las sábanas en mi piel... Todo me hace daño.

Cada vez que salgo de casa lo pago muy caro. Todo esto es porque el domingo fui a Barcelona a pasar la tarde con mi hija (está a veinte kms. escasos de mi casa) y tan solo el traqueteo del coche ya es suficiente motivo para que se disparen todas las alarmas de mi cuerpo, pues cualquier movimiento o vibración -incluso la de la silla de ruedas cuando voy por la calle- me producen un dolor intenso a los cinco minutos de salir. Y hoy, como tantas otras veces, pienso que noy hay derecho a pagar tan caro una salida. Una simple y corta salida...

Y me pregunto... ¿merece la pena vivir así? ¿Cuánto más tenemos que aguantar?

Empezamos nuestra vida sufriendo... Nos quedamos sin niñez... La vida nos dio un respiro para mostrarnos que era bella, que podía hacernos felices y nos enseñó su cara más tierna y perfecta.
Pero todo era un engaño, una sútil burla del destino, pues cuando mejor estábamos éste nos lo quitó todo y volvimos a encontrarnos cara a cara con nuestros sufrimientos de antaño, solo que esta vez eran mucho más grandes y horribles... mucho más incontrolables. Y encima no contamos con el ímpetu de la juventud o la inocencia de la niñez para poder hacerles frente.

Somos mayores... estamos cansados... agotados de luchar y aguantar... Y abandonaremos nuestra vida igual que la empezamos: Sufriendo. Y quedándonos sin esa etapa maravillosa que puede ser la vejez; donde todo es calma y serenidad... donde solo estás para recoger tus frutos y disfrutar de los nietos que la vida tenga a bien concederte.

Un abrazo muy suave y cansado...